Otras referencias determinan que en los siglos XV y XVI
aparecen perros que trabajan en la caza con halcón,
posiblemente Spaniel entrenados para ello y que recibían
el nombre de «setter». Mucho antes ya se criaban
perros para la cetrería en España, de donde
salieron hasta alcanzar las costas irlandesas; allí
al principio recibían el nombre de «spayne»,
así era como se escribía en aquella época.
Otras teorías apuntan que el ascendiente más
directo del Setter Irlandés sería el Pointer
mezclado con el Water Spaniel, incluso con el Bloodhound.
La más extendida y comúnmente aceptada es
la que propone que sería el resultado de un cruce
entre Spaniel y Pointer.
Setter significa apuntador, fijador y posicionador, y para
ello se fue seleccionando y criando. Como se puede deducir
dada la actividad para la que se crió, fue la aristocracia
la que más influyó en su aspecto. En los siglos
XVII, XVIII y XIX se llevó a cabo una cría
en grupos aislados; unos cruzaron esos Spaniel rojos y blancos
hasta conseguir un perro con buen olfato y obediente; otros
preferían insistir en aspectos estéticos,
como el color. La polémica sobre su cría basada
en criterios de belleza frente a aptitudes para la caza
se remonta, como podemos ver, hasta muy atrás en
el tiempo y persiste hoy día.
En 1800 se constata la diversidad de criterios sobre el
color rojo completo. Algunos los preferían blancos
y rojos por motivos cinegéticos, aunque había
quienes dejaban de lado este punto. Los primeros ejemplares
completamente rojos nacieron de cruces con el Setter Gordon,
entonces conocido como Setter negro y café. Sin embargo,
este cruce dio ejemplares completamente negros, algo indeseable
incluso en aquella época. Poco a poco, para poder
fijar el color se fueron dejando de lado sus facultades
como cazador.
El primer criador conocido de Setter Irlandes rojo fue
Maurice O’Connor, labor que llevó a cabo durante
los años 1770-1818. Robert La Touche continuó
con este esfuerzo, de modo que llegó a ser el fundador
de uno de los criaderos más famosos de todos los
tiempos. Con el tiempo se sucedieron los distintos entusiastas,
uno de ellos, al que se ha considerado como padre de la
raza, fue John G. Kin.
El primer momento de declive del Setter Irlandes lo produjo
la I Guerra Mundial, aun así pudo recuperarse; sin
embargo, no lo hizo tan fácilmente después
de la segunda contienda internacional, al menos hasta la
sexta década del siglo XX, momento desde el que no
ha perdido ni un ápice de su popularidad.