El Pug ha pasado épocas de esplendor y de olvido,
hasta el punto de que cuando la reina Victoria de Inglaterra
quiso completar su colección con esta raza tuvo serios
problemas para localizar una pareja.
Su nombre chino era Paï, pero el ideograma que lo
definía significaba príncipe, quizá
porque en aquel remoto país era considerado como
tal. Su semejanza con las estatuas que representan dragones
protectores del hogar y con el Pekinés no ha dejado
de sorprender nunca. En Occidente su nombre varía
según el país, por ejemplo, en Francia y España
es conocido como Carlino gracias a un actor muy famoso llamado
Carlo Bertiniazzi que para representar a uno de sus personajes
más aplaudidos utilizaba una máscara que lo
asemejaba con estos perros. En Alemania y Holanda son conocido
como Mops, una palabra procedente de un verbo que significa
aparentemente enfadado. Se lo llama Pug, puño, en
clara alusión al aspecto de su cabeza.
Uno de sus momentos de máximo esplendor lo tuvo
en Francia, en la corte de Luis XV, sin embargo al estallar
la revolución esa cercanía con la aristocracia
hizo que desapareciera por completo hasta el establecimiento
de la corte de Napoleón Bonaparte. Su resurgimiento
contemporáneo se debe a los anglosajones, así
como la variedad de color negro, el primer Carlino de este
color nació en 1866 en Inglaterra.
Los cambios físicos que ha sufrido esta raza desde
sus orígenes hasta la actualidad son el acortamiento
del hocico y la adquisición de masa corporal, hasta
el punto de que este tema queda muy especificado en el estándar
aprobado en última versión en 1987.