Los Pugs se crían desde la época de la dinastía
Chang (1751-1111 a. de C.). En la China imperial era muy
apreciado y llegó a ser considerado como un exquisito
regalo de bodas para personajes importantes, como príncipes
y mandarines. Se criaba en las ciudades sagradas de los
eunucos; en las que había espacios dedicados especialmente
al cuidado de estos perros.
Muchas han sido las personalidades que han tenido como
compañero a este pequeño, pero no por ello
menos valiente can. Entre ellos podemos citar a Josefina
de Beauharnais, cuyo esposo, el emperador Napoleón,
no parecía compartir tal predilección por
esta raza; Guillermo III, quien introdujo el Pug durante
su reinado en Inglaterra; Mª Antonieta, cuyo carlino
mostró un amor conmovedor por la infeliz soberana,
acompañándola hasta que subió al cadalso;
y los duques de Windsor, a quienes se les atribuye el mérito
de recuperar el auge de la raza en Europa tras el silencio
causado por la Segunda Guerra Mundial. También en
Rusia llegó a ser muy popular durante el transcurso
de este siglo, hasta el punto de que Boris Pasternak habló
de él en su obra "Doctor Zhivago".