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Originario de China, es una
de las razas más aristocráticas ya que durante
generaciones se crió exclusivamente en el palacio imperial
y sólo el emperador podía poseerlo o, en su
caso, regalarlo. Eran estas clases sociales privilegiadas
las que preferían un perro de caza y compañía
de pequeño tamaño. |
Una leyenda acerca
de la raza narra cómo un día un león
se enamoró de una pequeña mona. Al ver su pasión
imposible de realizarse, el león pidió ayuda
a un mago. Éste, conmovido, proporcionó al león
el tamaño de su pequeña amante sin por ello
quitarle dignidad y fuerza. De esta unión nacieron
los primeros Pekineses. Su cara simiesca y su temperamento
temerario podrían justificar este cuento, pero el verdadero
origen del Pekinés se fecha más allá
de 500 años antes de nuestra era.
Ya en la época de Confucio (479 a.
de C.) era utilizado en la caza menor. Desde sus más
remotos orígenes los emperadores chinos se volcaron
en esta raza, de las más antiguas, probablemente de
origen tibetano, a la que consideraban de creación
divina. En el principio de nuestra era se nota la influencia
de los pequeños perros Tai, que debido a su diminuto
tamaño se quedaban bajo la mesa, que en Oriente son
muy bajas, dado que las personas se sientan en el suelo. La
imaginación oriental atribuye al pequeño león
imperial un sinfín de virtudes, que además están
reflejadas en «El libro de los Cinco Emperadores».
Bajo la influencia del budismo, la imagen
del león, que es la de Buda, convierte al Pekinés
en la imagen viva de Dios. Resulta muy interesante saber que
cada color, cada tono de pelaje, tenía un valor propio,
incluso se les criaba para obtener tonos de pelaje acordes
con el vestuario de la corte. Una de las principales razones
de que su tamaño fuera cada vez menor era que las cortesanas
transportaban a los perros en las mangas de sus vestidos.
Los primeros estándares redactados son obra de la emperatriz
Tsu Hsi, con textos y dibujos, momento de máximo esplendor
de la raza dentro de la corte, entre 1821 y 1851. Se tiene
constancia de que en esa época se dicta diariamente
el menú de los perros.
En 1830, cuando el palacio imperial es tomado
por los británicos durante la insurrección de
los bóxers, un oficial salvó de la muerte a
cinco perros, ya que los chinos los sacrificaron para que
no cayeran en manos de los occidentales; uno de ellos fue
regalado a la reina Victoria. Al Reino Unido llegaron más
ejemplares entre 1893 y 1896, momento en el que comienza su
cría. Existe polémica acerca de cuándo
se había empezado a exponerlos; según unas fuentes
hacia 1863, en Londres, y hacia 1893, en Chester, según
otras. Desde su entrada en Europa fue una de las razas preferidas
por las clases sociales más relevantes. |