La leyenda dice
que el pekines nació del amor entre un león
y una mona, de donde le vendría su aspecto y su caracter
orgulloso, digno y valiente. Desde siempre se ha fomentado
su pequeño tamaño, como en la corte de la emperatriz
Tíen que daba alcohol en grandes cantidades a sus perros
para inhibir su crecimiento. Actualmente ha cambiado su pasado
como perro de palacio por el de perro de hogar, donde se ha
adaptado perfectamente porque no necesita paseos ejercicio
sinó un lugar bien comodo. Sin embargo es más
perro de una sola persona que de toda una familia.
Conocio su apogeo entre 1820 y 1850, cuando
la emperatriz Ts´eu Hi, apasionada por el perro sagrado,
estableció las primeras reglas de su patrón
y régimen alimenticio y alcanzó su máximo
esplendor con el emperador Tao Kuan.
Mientras las restantes razas de perros eran
criadas para ser degustados con toda clase de salsas, los
pekineses acompañaban al mas alla a su dueño
y eran inmolados a la muerte de éste.
El robo de un pekinés estaba castigado
con la pena de muerte.
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