Fueron empleados como combatientes en las guerras y como
guardianes en la paz. Fueron ellos los que dieron origen
a las diversas Razas de Molosos modernos, que se conformaron
según la preferencia de los nativos en las regiones
donde se asentaron.
En el siglo XIV en Francia existe el Dogo de agarre o "Veautre",
que son los antecesores del Dogo de Burdeos. Extendida por
toda Francia era frecuente verla cuidando haciendas, y por
la noche, a diferencia de los perros pastores, no solo delataba
sino que enfrentaba con éxito a los lobos.
En pleno siglo XVII la burguesía acomodada y la
clase social dirigente los adopta para su custodia, cosa
que resulta nefasta para la raza, pues la Revolución
Francesa aniquila a los amos en unión con sus bravos
guardianes; conservándose aún leyendas de
heroicas y asombrosas defensas de castillos y de amos decapitados.
Los pocos que conservó el pueblo los tilda de feroces
y comienza a utilizarlos, tal vez por ignorancia o por crueldad,
como perro para combates. No solo deben pelear entre sí,
sino con lobos y osos como antaño, pero esta vez
como espectáculo y por dinero. Las peleas son muy
populares en los barrios de París, y clandestinamente
siguieron hasta la Primera Guerra, dejando aún en
el recuerdo de viejos parisinos el nombre de perros excepcionales
en esos atroces torneos donde mostraron el valor y el temple
de un perfecto Gladiador.
En 1863 tuvo lugar en París, en el Jardín
de Aclimatación, la primera exposición canina
francesa. Los dogos de Burdeos aparecían bajo su
nombre actual. Han existido diferentes tipos: tipo tolosano,
tipo parisino y tipo bordelés, que dio origen al
dogo actual. La raza, que había sufrido mucho durante
las dos guerras mundiales, hasta el punto de encontrarse
en peligro de extinción, después de la guerra
de 1939 a 1945 recobró su desarrollo en los años
60.