Hubo también a comienzos del siglo una cierta infusión
de sangre de Boxer, o Bulldog Alemán como así
se apodaba a esta noble raza. De esa mezcla de sangre se
fue formando por selección natural, el tipo de "perro
de pelea", que llamaremos el "Viejo Perro de Pelea
Cordobés". Animales de extraordinario valor
y resistencia para el combate, morían peleando, no
rehuían la lucha jamás, pero carecían
de olfato y velocidad y su ferocidad para con sus congéneres
los hacían inútiles para la caza, ya que se
peleaban entre ellos y era imposible cazar con dos o más,
y menos en jauría.
Pero esta raza primitiva tenía en sí dos
cualidades primigenias y esenciales: una excelente herencia
ancestral (Mastín, Bull Terrier y Bull Dog) y una
gran gimnasia funcional, ya que los rudos combates a que
eran sometidos de generación en generación,
fueron acrecentando cada vez más su valentía
original.
En la formación de la raza, hemos utilizado como
base, el Viejo Perro de Pelea Cordobés, al que se
ha ido agregando en distintas familias para evitar la consanguinidad,
el Gran Danés Arlequín o Dogo de Hulm, para
darle una mayor alzada, Bull Terrier, Bull Dog Inglés
y Boxer, para acrecentar su valor, resistencia y tenacidad
en la lucha; el Mastín de Los Pirineos que le dio
tamaño, rusticidad y afirmó el manto blanco,
dándole también fuerza y adaptación
a todos los climas, típica en dicha raza de montaña;
el Pointer que le dio olfato y sobre todo el venteo, que
le permite al Dogo Argentino llegar directamente a la presa
tomando el viento y no dando vueltas tras el rastro como
los Wolf Hound, que le ha dado velocidad y alzada. Todos
estos trabajos de recría y selección fueron
realizados por el Dr. Antonio Nores Martínez, médico
cirujano, profesor de la Universidad de Córdoba durante
muchos años hasta su fallecimiento en 1957 y Director
de Traumatología del Hospital Militar de Córdoba,
es decir que se experimentó bajo un control científico.
Toda esta larga experimentación se ha ido realizando
en el curso de muchos años y eligiendo siempre los
ejemplares que más se adaptaban al standard de la
raza, standard que fuera forjado por el Dr. Antonio Nores
Martínez en 1928, aparecido en el N° de la revista
Diana del año 1947, que es el adoptado por el club
de Criadores del Dogo Argentino y que a la presente acompaña.
Al mismo tiempo que se realizaban esas infusiones de nuevas
corrientes de sangre en el Dogo Argentino, se lo iba sometiendo
a una gimnasia funcional intensa y apropiada, haciéndolos
cazar continuamente en nuestros montes, tanto del norte,
como del centro y sur de la República, tratando de
que al cazar en jauría, fuera perdiendo el instinto
de pelear entre si, innato en el tronco común, que
era el Viejo Perro de Pelea Cordobés, y desarrollando
su instinto campero. Al mismo tiempo, mediante continuas
luchas de generación en generación con jabalíes,
pumas, zorros, gatos del monte, etc., que a tales efectos
hemos mantenido y mantenemos enjaulas apropiadas, hemos
conseguido desarrollar en el Dogo Argentino, un instinto
muy poderoso contra nuestros grandes depredadores del agro,
especialmente el puma y el jabalí europeo, el pecarí
y eventualmente el jaguar, lo que hace que el Dogo Argentino
actual sea un instintivo cazador de dichas especies a las
que busca, persigue y acomete con extraordinario entusiasmo
y pasión atávica.