Por aquel entonces, alrededor de 1870, los perros en Alemania
eran utilizados en el pastoreo, caza y, algunas razas de
Pinscher, como guardianes. El señor Dobermann decidió
realizar un cruce con dos ejemplares Pinscher del que nació
la perra «Bismark», a la que posteriormente
llamó «Bisart» para evitar suspicacias.
Este animal poseía el carácter deseado, era
muy molosa (de gran tamaño) y negra con focados amarillos.
Toda la descendencia de esta perra poseía un extraordinario
carácter, por lo que poco a poco los Pinscher del
señor Dobermann fueron adquiriendo gran popularidad,
tanto que adoptaron este nombre, primero Dobermann Pinscher
(en Estados Unidos todavía se les denomina así)
y después sólo Dobermann. Esta raza es una
de las pocas que lleva el nombre de su primer criador conocido.
Aunque no se sabe con exactitud los ejemplares que intervinieron
en la formación de la raza, lo que resulta indudable
es la participación de «perros de los carniceros»,
nombre antiguo con el se conocía a los antepasados
de los Rottweiler. Lo que sí queda patente al estudiar
el pedigrí de uno de los primeros ejemplares de Dobermann,
nacido en 1906, es que en la formación de la raza
intervino el Manchester Black and Tan Terrier. En 1909 se
incorporó a los cruces el Lebrel Inglés negro,
que aportó mayor altura y elegancia.
La primera aparición de un Dobermann en una exposición
fue en 1896, pero la raza no fue reconocida hasta un año
después. Su frecuente utilización como perro
de policía les valió el sobrenombre de «perros
gendarme». Dado que en épocas pasadas llegó
a tener cierta impopularidad debido a su carácter,
los clubes de razas desarrollan una labor de selección
de ejemplares altamente equilibrados.
Por sus cualidades, el Dobermann ha ido atravesando fronteras
desde Apolda, localidad de Turingia, región central
de Alemania, hasta los más remotos lugares del mundo.