El cuello es
musculoso y bastante largo, de papada pronunciada pero no
exagerada. El cuerpo tiene el dorso muy ancho, lo más
paralelo posible al suelo; entre la cruz y la implantación
de los cuartos traseros la espalda no debe ser indebidamente
larga; el pecho no tiene que ser estrecho ni indebidamente
profundo, aunque el esternón puede ser ligeramente
prominente; las costillas estarán bien arqueadas y
llegarán hasta muy atrás. Su talla oscila, tanto
en los machos como en las hembras, entre 32,5 y 35 centímetros.
La cola está bien implantada, bastante larga, fuerte
en la base y progresivamente delgada hacia la punta; cuando
el perro se mueve la lleva alzada y ligeramente curvada, no
debe ser enroscada. Las extremidades delanteras son cortas
y poderosas, de grandes huesos; los codos no deben volverse
ni hacia adentro ni hacia afuera; las rodillas están
ligeramente curvadas hacia adentro, pero no tanto que impidan
la libertad de acción o de movimiento; entre las rodillas
y el pie puede haber arrugas de piel. Las extremidades traseras
son muy musculosas y bien plantadas; vistas desde atrás,
deben producir la impresión de constituir casi una
esfera. Los pies son grandes, de nudillos salientes y buenas
almohadillas; las plantas delanteras pueden apuntar directamente
hacia adelante o volverse un poco hacia afuera; toda la almohadilla
debe plantarse en el suelo.
Se valora muchísimo un buen movimiento, con buen
avance de los miembros anteriores y con un adecuado empuje
de los posteriores. Los corvejones y rodillas no deben ser
de movimiento rígido, ni el perro arrastrará
ninguno de sus dedos.
Son reconocidas todas las variedades de color de los perros
de rastreo, si bien los más frecuentes son los tricolores
en su variedad ilimitada de conjugaciones. Su pelaje debe
ser suave, corto y denso sin ser demasiado fino.